Serrana

Otro de los géneros flamencos encuadrados en el complejo genérico de las seguiriyas es la serrana. Su origen se sitúa en la época del contrabando entre Gibraltar y Ronda a principios del siglo XIX, derivando el cante posiblemente de una canción andaluza aflamencada a mediados del XIX. En 1835 en el Don Álvaro del Duque de Rivas aparece una gitana a quien se le pide que cante una serrana y unas corraleras, y Estébanez Calderón en 1847 ya habla de las modernas serranas refiriéndose a un género cantable. Algunos autores tienden a emparentar sus orígenes con los gitanos contrabandistas, que en el siglo XIX eran conocidos como serranos, aunque en las numerosas coplas de serranas que recogieron Antonio Machado Demófilo, y Juan Carlos de la Luna, las serranas aparecen siempre escritas en un castellano exento de palabras en caló, que suele identificar aquellos géneros más gitanos. Debido a la temática de sus compras con acentos rurales, las serranas suelen emparentar con las seguidillas manchegas y sevillanas, y otros autores insisten en que en algún momento la calesera, la liviana y la serrana eran el mismo género. Manfredi Cano, por ejemplo, habla de una caña desarraigada de la ciudad y establecida en el campo como antecedentes de la serrana. Ricardo Molina cree, por otra parte, que es cante de ámbito cordobés pero que su origen puede estar en cualquiera de las sierras andaluzas, ya sea Ronda, Aracena, Aroche, Morena, etc. Lo cierto es que la serrana junto a la caña y el polo, es un cante que a mediados del siglo XIX gozó de gran popularidad y hoy se canta cada vez menos debido probablemente al encorsetamiento que impone su estructura melódica. La serrana tuvo su época de auge en los años sesenta del XIX, y Silverio Franconetti fue junto a Gallardo el de Morón uno de los maestros de su interpretación, e impuso la estructura formal propia de este cante, comenzando con una liviana, cantando el macho (copla con la que rematan algunos cantes flamencos), para finalizar con una seguiriya cambiada de María Borrico. Esta forma sería la que adaptó Antonio Chacón en sus interpretaciones de la serrana que comenzaba cantando con el verso “Dice mi compañera”. La serrana consta de tercios (versos melódicos) largos y melodiosos en los que se escuchan ecos de caña, seguiriyas y livianas. Se acompaña en tono de mi mayor (por arriba) diferenciándose así del resto de seguiriyas que se suelen acompañar en la posición de la (por medio). Sus coincidencias con la caña son tantas que podríamos decir, al referirnos a la serrana, que se trata de una caña por seguiriyas. Principalmente comparte con la caña el sistema tonal, la participación en dos de la copla, la copla de cambio o macho, y la similitud entre los dos tercios de cambio de la serrana con los dos de la caña y el polo, si bien éstos adoptaron el compás de la soleá y la serrana se adaptó al ritmo de la seguiriya. También podemos escuchar en la serrana ecos de verdial en el acompañamiento del macho o cambio, lo que hace suponer que antes de adoptar el compás de seguiriya, pudo ser cante abandolao. Es cante virtuoso y de gran extensión melódica sobre todo en el tercio de salida y en el tercero. La serrana es un cante muy largo para cantarlo completo con la liviana, hecho que justifica el descenso notable de popularidad que ha ido adquiriendo con el tiempo. La serrana se canta sobre una copla de cuatro versos de rima par, 1 y 3 heptasílabos, 2 y 4 pentasílabos, a la que se le añade un tercero (macho), 1 y 3 pentasílabos y 2 heptasílabos, forma propia de la seguiriya con estrambote. Los temas que predominan son serranos: contrabandistas, pastores, bandoleros, etc. En cuanto al baile, sólo apuntar que es de creación reciente y semejante al de las seguiriyas, y que su principal artífice fue Antonio Ruiz Soler hacia 1945, justo después de que Vicente Escudero popularizara la versión bailable de la seguiriya.

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