Toná

La toná es la forma andaluza de decir tonada y con este nombre se conoce unos tipos específicos de tonadas con especiales características que incierta forma definen los principios estéticos de lo melódico en el cante flamenco. La estética de las tonás responden más o menos a lo que conocemos como cante jondo y de esa forma de cantar ha derivado gran parte de los palos flamencos en lo relativo al cante en general y a la creación melódica en particular. Las tonás se cantan “a palo seco” (sin acompañamiento de guitarra), y tienen probablemente su origen en aquellas versiones de romance andaluces que cantaran legendarios patriarcas del cante a finales del siglo XVIII y principios del XIX, tales como El Tío Rivas, Blas Barea, Tío Luis el Cautivo, El Planeta y otros. Gran parte de ese repertorio se ha perdido. Sin embargo lo más probable es que se diluyera en los distintos géneros flamencos nutriendo a éstos de elementos melódicos que hoy podríamos rastrear en soleares, seguiriyas, etc. Blas Vega, autor del libro de las Tonás, cree que se comenzaron a cantar hacia 1770, corroborando la referencia de una publicación Sevillana de mediados del XIX llamada La Enciclopedia, donde se señala que “en los cafés ya no se canta ordinariamente las deblas, tonás y  livianas que tan en boga estuvieron el siglo pasado” Jerez y Triana son consideradas los focos más importantes de tonás y, en opinión de Blas Vega, el sabor arcaico fue mantenido por la escuela trianera, mientras que en Jerez y Cádiz, hacia 1830, comienza el proceso de disolución de las tonás y nacimiento de las importantes escuelas seguiriyeras. Según una leyenda gitana existían 33 tonás, tantas como los años de Jesucristo. Otra tradición reduce el número a 31. Antonio Machado y Álvarez Demófilo nos dice, en 1881, que fueron 26. Para Silverio Franconetti y Antonio Chacón fueron 19 las tonás. El número se reduce a 7 y, por fin, hoy queda el número de tonás en 3: La grande, la chica y la del Cristo. Blas Vega ha localizado un total de 34 tonás de las que nos ha apuntado el nombre del autor en cada caso. Algunas están recogidas en la colección de Cantes Flamencos que Demófilio publicó en 1881 y que le fueron trasmitidas por Juanelo. Demófilo apunta, ya en 1881, que la toná  y la liviana son cantes para ser escuchados y que no son bailables, y su interpretación la considera con más merito incluso que la del cante por seguiriyas. El otro gran maestro del cante, Antonio Chacón, parece ser que conocía las tonás a través de Manuel Molina, cuyo repertorio de tonás era, por lo visto, muy amplio. Hasta la publicación en 1956 de la Antología del Cante Flamenco de Hispavox no se había vuelto apenas a escuchar tonás, hecho que explica el desconocimiento general de este repertorio. El estilo más antiguo es la toná grande, de difícil interpretación, y se atribuye a Tío Luis el de Juliana. La toná chica, más corta en sus tercios (versos melódicos) que la anterior, parece ser más tardía. Las tonás se interpretan en general sobre un compás aparentemente libre, sin embargo podremos apreciar una serie de acentuaciones rítmicas que siempre se encontraran en función de la fuerza emotiva del texto. Su melodía suele ser silábica, con pocos melismas y ornamentos, lo que convierte a las tonás en un cante sobrio y profundo a la vez. Se cantan sobre una copla de cuatro versos octosílabos (romance) y se suele rematar (concluir el cante) con una tercera emparentada con la que se usa en el cante por seguiriyas.

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