Rumba

Algunos aficionados se resisten a considerar la rumba dentro del árbol de los géneros flamencos, aunque han sido muchos los intérpretes que han cultivado este género, que  comparte con bulerías y tangos el trono de los cantes festeros. La rumba flamenca es heredera directa de la guaracha cubana que se comienza a realizar a finales del siglo XIX en el teatro vernáculo habanero. Surge entonces a partir de la disolución de elementos de la guaracha que, junto con otros procedentes de los tangos flamencos, cristaliza en un estilo muy emparentado con el carácter rítmico-armónico de la música cubana bajo la denominación de rumbitas, rumbas o chuflas, en general pertenecientes al repertorio de espectáculos de revista y variedades que tuvieron un gran éxito de público a principios del siglo XX. Algunos cantaores flamencos viajaron a Cuba y trajeron consigo de vuelta unas rumbitas que adaptaron a su forma de cantar, aflamencándolas e integrándolas dentro del repertorio flamenco. El hecho de que existan unos géneros rumberos en la música cubana (guaguancó, yambú y columbia) ha llevado a los estudiosos a la conclusión de que la rumba flamenca es heredera directa de la cubana. Los géneros son homónimos y la rumba flamenca toma el nombre ciertamente de la cubana, pero la estructura musical de la rumba flamenca responde a modelos musicales que encontramos en Cuba en la guaracha, las rumbitas y otros géneros, más cercanos al son que a la rumba cubana propiamente dicha. Dentro del desarrollo de la rumba en el flamenco, hay una primera época en la que los elementos de la variante flamenca va cobrando personalidad en las interpretaciones de La Chelito, Rosario Soler, Maria la Cubana o Flory y Marta Oliver, entre otras, aunque su definitivo aflamencamiento comienza en cafés cantantes de Cádiz, Sevilla y Madrid al cultivarla cantaores como La Niña de los peines, José Ortega “El Gordo”, Bernardo el de los Lobitos, Manuel Vallejo o Pepe de la Matrona.

Una gran explosión de rumbas flamencas llegará con la entrada en cartelera de los creadores catalanes de finales de los años cincuenta y durante los sesenta. Por ello se ha creído, y aún hoy se cree, que la rumba flamenca tiene su origen  en Cataluña. La rumba flamenca se cultivo con especial carácter entre los gitanos del barrio del Somorrostro en Barcelona, quienes hacia 1957 encuentran en este género el soporte musical idóneo para expresar sus flamenquerías. Personalidades como Carmen Amaya, El Pescaílla y Peret destacan como los máximos exponentes de esta época. Otros artitas como El Chato Amaya y el Chacho contribuyeron también brillantemente al desarrollo de este singular estilo de rumba que, como hemos dicho, aportó una serie de elementos sustanciales para su definitiva renovación. El Pescaílla, marido de la artista y singular “rumbera” Lola Flores, supo imprimir un acento especial a la rumba flamenca creando un estilo del que han bebido gran parte de los artistas rumberos que han venido después, tanto en Cataluña como en el resto de España, e incluso en Francia. La versión alegre, y muy flamenca a la vez, que creó El Pescaílla con su peculiar estilo se ha mantenido en el tiempo y dotó al género de una personalidad de la que antes carecía. Por otra parte Peret lograría numerosos éxitos destacando como el máximo exponente de esta época. Sus canciones popularísimas en toda España durante los años sesenta y setenta pertenecen, en particular sus grandes éxitos, al repertorio de algunos de los viejos soneros cubanos, como por ejemplo Wilfredo Guevara. Como contrapunto al estilo desenfadado de Peret aparece una figura de gran relevancia dentro del mundo de la rumba: Miguel Vargas Jiménez, Bambino, cantaor de Utrera, localidad de gran tradición flamenca, quien cultiva una singular forma de interpretar la rumba flamenca, dotándola de un carácter dramático del que hasta su llegada carecía. Sin olvidar a Amina, La Chunga, Antonia Amaya o la Polaca como originales artífices del género, debemos destacar las versiones que realiza el gaditano Chano Lobato que con su personal forma de interpretar la rumba nos trasporta a los estilos primigenios.

Ya en la década de los 70 Los Amaya, Dolores Vargas, Los Chichos, Las Grecas, Los Chunguitos, los Chorbos o Manzanita destacan por sus rumbas con arreglos más cerca del movimiento pop internacional que de la guitarra, palmas y voz de la década anterior. La rumba se renueva en los años 80 de la mano de Paco de Lucía y Camarón de la Isla, quienes aportan nuevas formas mas cercanas al son cubano y a la vez más flamencas. Por otra parte Raimundo y Rafael Amador son quienes, junto a Kiko Veneno y más tarde con su grupo Pata Negra, imprimen a la rumba un sonido basado en una especie de rhythm & blues aflamencado, así como Gato Pérez que funde la rumba flamenca con la salsa neoyorquina de  finales de los 70. Curiosamente el grupo francés Gipsy Kings populariza mundialmente la rumba flamenca con un estilo entre el de Peret y las nuevas generaciones salseras, movimiento que provoca la aparición en España de grupos como Los Manolos. Otras agrupaciones como Azúcar Moreno, Los del Río o Antonio Carbonell desarrollan un estilo que podríamos denominar rumba erótica. Ya en los años noventa el grupo Ketama compone rumbas con instrumentación salsera y acentos y melodías aflamencadas , lo mismo que Rosario Flores, Kiko Veneno (en su segunda época) o Albert Pla, quienes optan por un estilo definitivamente absorbido por las corriente musicales caribeñas y del pop internacional, aflamencándolo.

La rumba flamenca se realiza sobre un compás binario y posee una forma particular de rasgueo que la distingue, caracterizado por una singular distribución rítmica del patrón de la habanera, donde los acentos en las partes 1 y 3 del compás corresponden al registro grave, mientras las palmas acompañan acentuando el segundo y el cuarto tiempo. El contrapunto producido por esta sencilla estructuración rítmica da lugar a uno de los acompañamientos más sugestivos del flamenco moderno, lo que nos lleva a considerar el ritmo de rumba flamenca como un desdoblamiento rítmico de los tangos flamencos. Al ser un género “importado” dentro del flamenco puede adoptar todo tipo de tonalidades (mayor, menor, dórica) y de variantes estróficas ya que lo que identifica la rumba flamenca como tal es el sugestivo ritmo del acompañamiento. En el plano melódico la rumba responde a modelos de carácter cubano (guarachero), compartiendo con este estilo elementos como el coro a modo de responsorio o el canto a dos voces. Por otra parte el baile flamenco encontró en la rumba uno de los ritmos mas sensuales del repertorio flamenco. Los movimientos pélvicos así como el provocativo meneo de los hombros convirtieron el baile de la rumba en un derroche de sensualidad bailaora al más puro estilo cubano, elemento que contribuyó a la rápida difusión de la rumba flamenca como género solicitadísimo por el gran público.

Un comentario

  1. rafael rojas bonifacio

    BUENAS, ESTOY BUSCANDO UN TEMA QUE CREO SE LLAMA ” SI YO FUERA TORERO” NO SE NI EL NOMBRE DEL AUTOR, NI DEL INTERPRETE…EN REALIDAD, NADA,
    DESDE YA LE AGRADECERIA CUALQUIER INFORMACION. MUCHAS GRACIAS

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