Bulería

Las bulerías han sido definidas por los estudiosos del flamenco Blas Vega y Ríos Ruiz como perfecta síntesis de expresión jonda y especie de órdago regulador de las características más sobresalientes de los cantes. La bulería es uno de los estilos más modernos del flamenco y goza desde sus orígenes de gran aceptación por parte de artistas y público. Antonio Machado Demófilo menciona unas soledades de cuatro versos o coplas de jaleos, que posiblemente sean la premención de  este género, emparentado sin duda con los cantes y bailes llamados de jaleo o chuflas. Sobre la etimología del nombre que recibe este género, existen diversas teorías: de burla (burlería), bulla (bullería), bolero (bolería), bulero (engaño, bulería) y fulero (fulería).

En un género tan maleable y versátil como son las bulerías cabe distinguir tres modos principales de afrontarlas: el primero apunta a las que nacen en el ambiente de las calles Nueva y La Cantarería del barrio de Santiago de Jerez de la Frontera, quizás como una declaración burlesca de los cantes grandes, y señala al cantaor jerezano Loco Mateo como el principal cultivador de este estilo, cuando hacia 1870 remataba la soleá con un compás ligero y redoblado. Esta modalidad, quizás la más popular de todas, es considerada a su vez de marcado carácter gitano. El segundo tipo nace de las versiones creadas por algunos cantaores flamencos que interpretan sus propias tonás utilizando las bulerías como sostén rítmico-armónico para sus inspiraciones. El tercer tipo corresponde a todas aquellas piezas que adaptan cualquier tipo de música al compás de las bulerías, los llamados cuplés por bulerías o canciones por bulerías. Dentro de las numerosas variantes de las bulerías destacamos las denominadas bulerías al golpe o bulerías por soleá. La geografía andaluza de las bulerías se suele dividir en tres zonas: Jerez, Cádiz y Triana. En Jerez los tercios se alargan o recortan según el intérprete y el espíritu jerezano de interpretar el flamenco. En Cádiz la bulería, como indica Blas Vega, se acantiña, es decir, recorta los tercios y precipita el compás; y como apunta Fernando Quiñones, la bulería en Cádiz posee un leve deje de aporte indiano, siempre presente en el espíritu y en la estética musical de esta ciudad. En Triana y la provincia de Sevilla (Lebrija, Utrera, Morón de la Frontera, etc.) redondean y estilizan el género. Por otra parte las bulerías de los Puertos son más lentas y jondas que las de jerez, quizás según Aurelio Sellés, como reacción a la alegre versión gaditana. González Climent añade, como variantes regionales, las de Granada y las malagueñas. Una lista de variantes que podríamos incluir en el tercer grupo antes apuntado seria: fiesta por bulerías, bulerías con fandangos, bulerías con alegría, tango por bulerías, fado por bulerías, villancicos por bulerías, bolero por bulerías, zambra por bulerías, pregón por bulerías, colombiana  por bulerías, bulerías criollas, blues por bulerías.

El compás de las bulerías se marca en la métrica de las peteneras y guajiras y el carácter rítmico de la soleá, con un tiempo más vivo, y en el universo armónico de las seguiriyas y tangos. Las tonadas sobre las que se cantan las bulerías flamencas suelen coincidir con aquella que utiliza el cante por soleá. Este género  es uno de los más populares del flamenco, debido a la ligereza de su compás, el rápido repique de palmas que lo acompaña y la destreza tanto cantaora, bailaora como tocaora que necesita su interpretación. En la actualidad las bulerías gozan de gran aceptación tanto por parte de los artistas como del público, compartiendo, junto a los tangos, el trono de los cantes festeros.

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