Garrotín

Aunque considerado por los estudiosos como un género de importación, el garrotín toma la mayor parte de sus elementos musicales de los tangos flamencos. Como casi todos los palos del flamenco tiene un origen incierto. Etimológicamente se ha querido emparentar al garrotín con la garrotiada asturiana, situando su origen dentro del contexto de los cantes trilleros llevados de una región a otra en la época de la trashumancia, y por consiguiente también se atribuye un origen astur a la parte musical. La estructura musical del garrotín no presenta relación aparente con el folclore asturiano, estando más emparentado con los tangos del camino granadinos, que Romualdo Molina y Miguel Espín atribuyen a las cuadrillas gitanas de zambras del Sacromonte que recorrieron toda España desde finales del XIX. Hipólito Rossy los considera creación de los gitanos de Lérida y Tarragona (Valls), destacando a El Parrano como singular intérprete de este género. El garrotín comienza su proceso de aflamencamiento a principio del siglo XX a través de la Niña de los Peines, aunque el maestro Goncerbia apunta a Amalia Molina como la artífice del aflamencamiento definitivo en el Madrid de 1904 junto con Orfeo, los hermanos Sebas y los Mingorance, atribuyéndosele él mismo la creación del ritmo y la melodía del garrotín. La Niña de los Peines lo recogió de Amalia Molina y del Niño Medina y lo engrandeció convirtiéndolo en cante para escuchar. Por su parte Manuel Torre lo cultivó con acento personal. Tuvo por lo tanto su época de máximo esplendor en las dos primeras décadas del siglo XX. El garrotín utiliza el compás binario (2×4) y su rítmica es la utilizada en los tangos, tanguillos y rumbitas, tanto en el cante como en el acompañamiento de guitarra, con un ritmo más vivo y acentuaciones similares a las de la farruca. El toque de guitarra responde al estilo de los tangos festeros y actualmente se puede llegar a confundir con la rumba. El temple de la voz se realiza a través de un “Tran, tran, tran/treiro, treiro, tran”, razón por la cual se emparienta el garrotín con el folclore del norte de España, ya que utiliza exclamaciones como “treiro”, “trantreiro”, al igual que la farruca. El cante del garrotín, de melodía eminentemente métrica, silábica, sin alardes melismaticos,ha desarrollado varias tonadas propias sobre las que se cantan las coplas de cuatro versos octosílabos cuya temática se encuentra casi siempre en clave de humor; utiliza también coplas a modo de coletillas con las que remata el cante. Lo más característico del garrotín y lo que realmente lo hace inidentificable es el estribillo, recurso formal poco presente en la estética musical y poética del flamenco, y que podemos encontrar en este género: “Al garrotín, al garrotán por ver a la vera de la vera van”, aunque hoy se escucha más una versión que dice “a la vera, vera, vera de San Juan”. Lejos de tratarse de un cante sobrio y serio, el garrotín, debido a su liviana estructura musical, suele ser empleado como género jocoso dentro de la seriedad que adoptan gran parte de los estilos flamencos. La forma bailable fue dada a conocer por Faico a principios del siglo XX (aunque se le atribuye al maestro del baile sevillano Sr. Caetano). El baile fue refinado por Mario Escudero, puesto en clave cómica por Gabriela Clavijo y con carácter grotesco por la Rubia de Jerez. Carmen Amaya continuó la tradición de bailar y cantar el garrotín, que tiene hoy en Merche Esmeralda y Meme Reina sus más destacadas intérpretes

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