Malagueña

Con el nombre de malagueñas nos referimos, por una parte, a los bailes cantados existentes en Málaga desde principios del XIX y, por otra, a la versión flamenca que surge a finales del siglo. A lo largo de todo el siglo XIX, la malagueña es uno de los géneros más populares y solicitados por el público en los espectáculos líricos-teatrales de numerosas capitales andaluzas, donde se cantaban también romanzas de zarzuela, arias de ópera, etc. Como antecedente de la malagueña existen las tiranas, el fandango rondeño, la jabera citada por Estébanez Calderón en sus Escenas Andaluzas de 1847, los fandangos bailables que al estilo bolero se comenzaba a cantar para acompañar el baile desde mediados del XVIII. Es a partir de mediados del XIX cuando la malagueña comienza a prescindir del baile para hacerse cantada. Se acompaña con un ritmo abandolao, su estructura armónica es la del fandango andaluz y la melodía fundamentalmente métrica. Las malagueñas han dado lugar a un frondoso árbol de variantes dentro del flamenco, funcionando como prototipo de la mayoría de los cantes derivados de fandango andaluz que se cultivaban en las provincias orientales de Andalucía. Géneros como las rondeñas, las tarantas, tarantos, cartageneras y granaínas, tienen en la malagueña flamenca el eslabón intermedio entre el fandango local y el cante flamenco propiamente dicho. Otras variantes emparentadas con la malagueña son, por ejemplo, los cortijeros, de la Cruz de Llano, las murcianas, el cante de madrugá y el fandango de Lucena (emparentados con la taranta), de Almería, el Zángano de Puente Genil, la Lucentica.

Hipólito Rossy diferencia tres tipos fundamentales de malagueñas: la corrida o verdial (también conocida como bandolá), la de cante (sin ritmo fijo y que es la considerada flamenca) y la instrumental (para guitarra, orquesta, etc.). Algunos autores creen que la bandolá es el fundamento musical de la malagueña y que los cantes del malagueño de Vélez Juan Breva, también llamados bandolás, ya que sus cantes eran fandangos que él acompañaba con ritmos abandolaos, un estilo de malagueña (hacia 1884), considerando que los cantes abandolaos de Juan Breva no representan exactamente un estilo de malagueñas pero la prefiguran. Se puede barajar la posibilidad de que los denominados cantes de Juan Breva fuesen un estilo de malagueña del tipo de Vélez-Málaga y abandolao y que el inmenso material melódico que Juan Breva diseminó a lo largo de su carrera cristalizó en los tercios de muchas malagueñas locales y personales que nacieron posteriormente.

Se sabe que en el proceso de aflamencamineto de la malagueña desde mediados del XIX, ésta dejó paulatinamente de basar el acompañamiento en el ritmo abandolao, prescindiendo de un ritmo fijo e interpretándose ad libitum. Es entonces cuando se  viene a denominar a esta forma de interpretar las malagueñas “malagueñas nuevas” frente al antiguo concepto de cante abandolao. Se suele apuntar la localidad de Álora como cuna de este tipo de malagueñas, también denominadas cuneras o perotas (perotes: habitantes de Álora), diferenciándolas así de las malagueñas de creación personal. Es la malagueña unos de los cantes flamencos más populares y del que existen un mayor número de variantes personales y comarcales. Al realizar una división topológica de la malagueñas diferenciamos dos escuelas fundamentales: la autóctona y la gaditana, esta última representada en la versión realizada por Enrique El Mellizo hacia 1885. De este tipo de malagueñas de El Mellizo (la más antigua malagueña flamenca propiamente dicha, de verso quebrado) derivan otra muchas. Manuel Reyes El Canario es el creador de otro tipo fundamental de malagueñas autóctona que se suele definir como cante valiente. Del cantaor jerezano Antonio Chacón se conservan hasta seis tipos de malagueñas. Fue Chacón quien confirió al género su verdadera identidad, al refundir en su repertorio todo el acebo melódico de la malagueña que se encontraba disperso en las creaciones de El Mellizo, El Canario, El Caribe o El Perote, basándose en tonadas propias de los fandangos malagueños, bebiendo en el variado repertorio de las malagueñas existentes, imponiendo su estilo de malagueña y otorgándole definitivamente el rango de cante grande, con tercios de inspirada factura melódica. El tipo de malagueña autóctono está representado por Trinidad Navarro Carrillo, La Trini, quien creó dos variantes de malagueña de carácter trágico. Tras esta época de gestación de la malagueña como palo flamenco hay que mencionar dos épocas más: una segunda época, que corresponde a la denominada Ópera Flamenca (1920-1936), y una tercera, que corresponde a la de los nuevos creadores como Enrique Morente y Naranjito de Triana.

A pesar de que la malagueña prescinde del ritmo externo, en la guitarra se puede adivinar el acompañamiento abandolao originario. En este género, el toque con el que la guitarra acompaña en sus numerosas variantes, tiene pocas diferencias. Esto da lugar a que se distingan unas malagueñas de otras solamente cuando el cantaor ha comenzado a entonar el primer tercio. Las diferencias entre las malagueñas son eminentemente melódicas, utilizando los cantaores las mismas letras para dos versiones distintas. Este hecho confirma la costumbre flamenca de identificar un género con una determinada letra. El temple de la voz es largo y se realiza sobre el ostinato modal de la cadencia andaluza a cargo de la guitarra. Está considerado como uno de los cantes flamencos de más difícil ejecución, donde el cantaor debe poseer una tesitura de voz amplia y un profundo conocimiento del tipo de cante que interpreta. Las grandes diferencias entre unas malagueñas y otras, se encuentran en los distintos registros de voz en los que se realiza el cante, en la mayor o menor ornamentación de los versos melódicos y en los distintos matices y carácter que impone la temática sobre la que versa la copla que se canta. La introducción de guitarra que se realiza en la malagueña puede considerarse tanto rítmica como armónicamente, como propia del género, así como la melodía que se realiza en los bordones en casi todas sus variantes. El cante por malagueñas utiliza como base de acompañamiento el ostinato del fandango andaluz con algunas variantes según el tipo de malagueña. La estrofa sobre la que se entona la malagueña corresponde a una copla de cuatro o cinco versos octosílabos con rima cruzada asonante o consonante, repitiéndose el primero o el tercer verso. Sus temas suelen mencionar la ciudad de Málaga, con sus barrios y monumentos más destacados. En la que al género bailable se refiere, según Mas Y Prat el fandango se puede bailar por punto de malagueñas, donde salen todas las parejas a la vez y después de hacer cada cual sus pasos repiten la misma salida. Sin embargo no debe considerarse a la malagueña flamenca como un género bailable propiamente dicho dentro del panorama flamenco.

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