Debla

La debla es otro de los géneros flamencos pertenecientes al grupo de los llamados cantes a palo seco, es decir, sin acompañamiento de guitarra. Entre las variadas teorías que sobre el origen de la debla se han planteado, algunos autores exponen que la versión que hoy conocemos no es más que una recreación de la que pudo ser la debla original, Blas Vega opina que la Debla era la toná del mítico cantaor de finales del siglo XVIII, Blas Barea, basando su criterio en la relación etimológica del nombre que recibe este cante: debla – de Bla – de Blas. También apoya esta teoría el hecho de que el macho (copla breve con la que se cierran algunos cantes flamencos) en su ultimo verso lleva la palabra debla, barea o déblica barea. Por otra parte Antonio Machado, Demófilo, y anteriormente el viajero inglé George Borrow, apuntaron la idea de que debla es sinónimo de diosa y que los gitanos quisieron otorgarle a este género el título supremo de los estilos flamencos. En opinión de Margarita Torrione, debla procede del sánscrito deva que significa deidad, y en Romaní, (lengua de los gitanos) viene a significar “ay Dios”, como tipo de exclamación lastimera, concluyendo que debla podía significar entonces “ay Dios grande” o bien “ay lástima grande”. Otras teorías sobre el origen del género señalan que debla significa “mírala” y se declama al final del cante como indicando “ahí la tienes”.

Ahora bien, la debla que ahí conocemos se trata en realidad de una toná popularizada hacia 1940 por Tomas Pavón y que después interpretó Antonio Mairena, sin conocerse la relación que guardaban estas versiones con la debla original. Algunos consideran que la debla de Tomas Pavón es un martinete de triana al que le añadió los “ayes” tan característicos de la debla. Blas Vega a su vez apunta otra versión de la debla conocida en triana, a finales del siglo XIX, e interpretada en el XX por los Caganchos, Pepe de la Matrona y Caracol el Viejo. En cuanto a la versión de Tomas Pavón puede decirse que sus tercios (versos melódicos) son ligados y su carácter muy triste, precedido de un tono de salida breve sobre la nota fundamental. La copla es de cuatro versos octosílabos y se suele repetir a lo largo del cante.

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