Zapateado

Ya desde antiguo hay referencias al arte de marcar el ritmo con los pies sobre el suelo como forma de baile. El zapateado español se desarrolla mucho en América, surgiendo allí numerosos géneros musicales para ser zapateados. En España se cultiva menos y la tradición de zapatear sobrevive gracias a que pasa a integrarse al baile flamenco. Y para zapatear se creó incluso un palo determinado, aunque sería mejor denominarlo género bailable, puesto que nace expresamente para ser bailado. El zapateado se utiliza en el baile flamenco en gran parte de los géneros, tanto los que nacieron a partir de otro género bailable como los que surgieron a partir de un palo cantable. A la hora de elegir un compás, un soporte musical al zapateado, lo cierto es que el flamenco adoptó el ritmo y metro de los tanguillos gaditanos, métrica por otra parte propia de gran parte de los zapateados en iberoamérica. Y al ser en realidad el ritmo del tanguillo un polirritmo, la riqueza de acentos, síncopas y contratiempos posibles que pose este aire gaditano permite al bailaor interpretar un zapateado virtuoso y de gran lucimiento. Se suele bailar con pantalón, como la farruca, para que el público pueda ver mejor los pies del bailaor. Poco a poco el zapateado como género musical va adquiriendo una forma más o menos clásica, en versión como la de El Estampío. El bailaor que zapatea es también un percusionista que participa en la confección musical del genero que interpreta, “tocado” con el tacón, la planta o la punta de su zapato de baile.

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